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Resumen de la obra:

  • FERRÁN RUIZ TARRAGÓ

     Ferrán Ruiz Tarragó, nacido el año 1950 en Mataró (España) es licenciado en Ciencias, Sección Físicas, y catedrático de matemáticas de Enseñanza Media desde 1977. Recibió su primera formación informática durante la licenciatura y realizó estudios de postgrado sobre metodologías y gestión de la formación.En la actualidad es responsable de evaluación y prospectiva de las TIC en el Consejo Superior de Evaluación del Sistema Educativo de la Generalidad de Cataluña, participando en estudios comparativos internacionales como SITES 2006. En lo profesional se considera ante todo un emprendedor dentro de la administración educativa, interesado por el aprendizaje, la creatividad y la potenciación de las capacidades, del espíritu emprendedor y de los valores de las personas mediante la educación y el uso innovador de las TIC.  Desde el año 2000 hasta el 2005 ocupó el cargo de Subdirector General de Tecnologías de la Información, incorporando a sus competencias la gestión informatizada de centros educativos y los medios audiovisuales, coordinando un equipo de 140 personas. Durante su mandato al frente de la XTEC se desarrolló el portal educativo  edu365.com cuyos méritos fueron reconocidos con el e-Government Quality Label de la Comisión Europea (2001) y la posición de finalista de la Stockholm Challenge (2002). Por su labor al frente de edu365.com fue laureado por el Computerworld Honors Program (San Francisco, 2003).  Ha sido ponente invitado por empresas como Oracle (Madrid, 2001), Cisco (Estocolmo, 2003), Sun Microsystems (Madrid, 2004) y Fujitsu (Madeira, 2004), y ponente en congresos y eventos nacionales e internacionales,. Ha sido miembro de diversos comités, profesor asociado de escuela universitaria y profesor de informática documental, habiendo impartido muchos cursos y conferencias referentes a la educación, las tecnologías de la información y de la comunicación y a sus interrelaciones. Al respecto es autor de más de 50 artículos y publicaciones. Asimismo Ha colaborado con la Comisión Europea como auditor técnico y asimismo ha participado en diversos proyectos y eventos patrocinados por la Comisión y con otras instituciones.

Título de la obra: Aprendizaje y educación en la sociedad del conocimiento

Mientras la sociedad y las actividades laborales y profesionales están cambiando mucho en los últimos años por el impacto de las tecnologías de la información y de la globalización, no lo están haciendo en igual medida las escuelas y otras organizaciones de las que las personas dependen para aprender y orientar su vida. El mundo escolar actual, concebido para el viejo orden industrial de la enseñanza en masa y el aprendizaje estandarizado, no encuentra la manera de atender con éxito a un alumnado diverso, que se ha vuelto más inquieto y complejo, alumnado que ha cambiado mucho más que las instituciones diseñadas hace tiempo para acogerlo. 

La respuesta de muchísimos jóvenes a la escolarización se manifiesta por medio de actitudes de escaso compromiso, de escapismo o de abierto rechazo. Incluso ocurre que en la organización escolar actual muchos buenos alumnos se sienten cotidianamente castigados por el mero hecho de ser individuos psicológicamente complejos encajados en un sistema diseñado básicamente con la premisa one-size-fits-all. Salvo excepciones, el fomento de la creatividad y del espíritu emprendedor, la aplicación del conocimiento, el desarrollo de la personalidad y de los valores, no son precisamente los pilares sobre los que en la práctica se articula la educación actual. El resultado de todo ello se mide en términos de pasividad y conformismo, de limitadas competencias, de bajas calificaciones y de abandono escolar, con los consiguientes perjuicios personales, sociales y económicos. 

Es muy posible que después de prestar un gran servicio el modelo industrial de organización escolar esté llegando al final de su vida útil, al menos para amplias capas de la población. La funcionalidad global de la educación escolar, con su enfoque despersonalizado y orientado predominantemente hacia adentro y hacia el pasado, parece particularmente poco adecuada para estimular a los jóvenes a hacerse cargo de sus vidas y para afrontar las grandes exigencias de nuestra sociedad. En consecuencia, la búsqueda de nuevas visiones del aprendizaje, de nuevas formas de materializar la aportación de la enseñanza a la creación de valor que se articulen en torno a cada alumno, son tareas esenciales y urgentes, que no corresponden en exclusiva al sector educativo, sino que están abiertas a toda la sociedad. 

Lo más básico que falta hoy en día para esta tarea son visiones atrevidas, coherentes, inspiradoras y a su vez realistas de lo que la educación podría ser dentro de diez o viente años. De hecho el sector educativo da pocas señales de ser capaz por sí mismo de responder a estos grandes retos. Aunque dispone de infinidad de evaluaciones e informes sobre su estado y situación y a pesar de que cuenta con grandes profesionales, se observan pocos progresos e incluso se percibe el agravamiento de ciertos problemas, lo que permite conjeturar que la educación actual no es una industria del conocimiento, ya que el conocimiento sobre sus propias prácticas no le basta para transformarse. 

En lo que concierne a las tecnologías de la información, la educación es posiblemente el único ámbito que aún debate su utilidad, aunque de hecho las TIC están entrando ampliamente en los colegios e institutos de la mano del profesorado y por la propia iniciativa de los centros educativos y de las administraciones. 

Sin embargo, este proceso tiende a carecer de un enfoque amplio, profundo y renovador. Esto se debe tanto a la falta de nuevas visiones de la educación como a factores estructurales que bloquean la innovación, como pueden ser un currículo excesivamente orientado a los contenidos, las limitaciones de la evaluación -que emplea procedimientos que no permiten valorar la consecución de nuevos objetivos-, la organización burocrática del profesorado y la consiguiente despersonalización de la actividad académica, las deficiencias en la organización de los centros, y, muy especialmente, la falta de atención al liderargo educativo, que en los centros públicos españoles se materializa en un sistema de dirección escolar obsoleto, con más carencias que posibilidades, con más restricciones mentales y funcionales que poder de intervención sobre la realidad. 

El sistema educativo y los centros de enseñanza tienen una imperiosa necesidad de aprender del mundo exterior y de relacionarse con él, saliendo de su tradicional aislamiento y endogamia, tanto para mejorar sus procesos como para formular y experimentar nuevas visiones y nuevos sistemas de organización y funcionamiento. En especial debería aprender del mundo de la empresa, que ha desarrollado un lenguaje común que le permite interactuar, innovar y hacer frente a retos continuos. Las empresas son constantemente activas en torno a una serie de conceptos, como incremento de la productividad, orientación al cliente, gestión del cambio, reingeniería de procesos, gestión de la información, cultura organizativa y partenariados con otras organizaciones, y las TIC tienen al respecto un papel estratégico. Nada de esto debería en principio ser ajeno a la educación, por lo que estos conceptos se podrían incorporar al mundo educativo dando lugar a nuevos diálogos, a una nueva generación de conocimiento y a un proceso de mayor integración de la educación en la dinámica social. 

Dotados de un repertorio conceptual ampliado, los agentes administrativos, económicos y educativos podrían abordar conjuntamente una transformación del sistema educativo en torno a unos ciertos ejes, como la personalización del currículo y del aprendizaje, nuevas funciones para los alumnos y el profesorado, la reinvención de la organización de los centros y el rediseño de los espacios, superando así las limitaciones inherentes a unos servicios educativos propios de la era industrial y adoptando unos marcos estructurales más apropiados a la sociedad del conocimiento. 

Los retos de nuestro mundo hacen imprescindible actuar con visiones y energías renovadas que permitan superar la falta de liderazgo, la insatisfacción permanente, el conformismo y la escasa relación con el exterior que imperan en el sistema educativo. Es preciso renovar los temas de debate, dar un protagonismo real a los padres, apostar fuertemente por la colaboración entre los profesionales de la educación y los agentes empresariales y sociales, todo ello con el objetivo de enriquecer el sistema educativo con conocimientos y enfoques propios del mundo económico y que hasta ahora le han sido ajenos. Sólo así será posible avanzar por la senda de la transformación del aprendizaje, de los centros escolares y del propio sistema educativo que se precisa para estar a la altura de las exigencias y urgencias de la sociedad del conocimiento. 

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